El futuro de la PYME y los RRHH

En un reciente Congreso al que asistí, uno de los ponentes hizo hincapié en una serie de detalles que harán competitiva a la PYME española en el futuro y aunque pudieran sonar a lugares comunes, la autoridad de quien las propuso les da fuerza suficiente como para insistir y divulgarlas.

Se trata de D. Josep Piqué, sobradamente conocido por todos nosotros y cuya visión del asunto no puede ser soslayada de ninguna de las maneras por más que la tendencia actual sea la de considerar a nuestros mayores como personas que están «fuera de contexto».
Si partimos de la base  de que estos «fuera de contexto» han vivido más cosas y olvidado más de lo que muchos de nosotros vayamos a aprender jamás, bueno será considerar su punto de vista pues lo hacen desde una atalaya privilegiada.

La moderadora del evento le preguntó sobre cuáles debían ser en su opinión los focos en los que debía fijarse la PYME española para poder competir tanto interna como externamente, y dio dos directrices esenciales pero cuya mejora nos tememos que va a ser muy complicada, aunque una más que otra.

En otro post explicaré el primero de ellos, que aunque fuera de mi ámbito de conocimiento, sí tiene un fuerte componente humano como es el de la capacidad exportadora.

Pero el que voy a desarrollar aquí se refiere al factor que hace poco competitiva a la empresa española, esencialmente en los mercados exteriores, y hacía mención a algo ya barruntado pero que se ha visto refrendado por una autoridad como la citada, y no es otro que el TAMAÑO de la PYME española.

En más de una ocasión, hablando con asesores de empresas que cuentan con nuestro grupo de trabajo para colaborar con aquellos clientes suyos que demandan nuestros servicios les he comentado esto mismo, en tanto en cuanto que debería producirse una agrupación de empresas del mismo sector para sumar potencia productiva, inversora y profesional que consiga hacer fuerte la posición en el mercado de la suma de ellas y puedan reforzar sus estrategias en el exterior, pues individualmente los esfuerzos necesarios ni se contemplan.

Esta falta de músculo financiero, profesional y productivo hace que la competitividad de la PYME española venga exclusivamente por vía salarial en épocas de crisis pues está centrada en un mercado interior que cuando flojea hace muy complicada la supervivencia de las empresas pues no tienen posibilidad de sostenerse en un mercado exterior que en el mejor de los casos ignoran y en el peor, temen como terra ignota.

Pero los problemas para esta fusión de empresas, sea cual sea el mecanismo societario para realizarlo comienza con la cabeza de la empresa. La forma de entender el mundo del empresario español, con magníficas excepciones, es profundamente individualista y solitaria, guardando para nosotros nuestros conocimientos y habilidades, ocultando los factores competitivos y desdeñando olímpicamente la colaboración con los considerados «enemigos» como son otros competidores. Bástese contemplar el exitazo de las organizaciones empresariales en tanto en cuanto a las aportaciones de cada uno de sus miembros. Pagan sus cuotas, están visibles por aquello de formar parte del grupo de presión que se crea como «lobby» asistiendo a algunas reuniones y congresos más que nada para espiar al competidor y poco más.

De afrontar retos juntos abriendo nuevos mercados, ni hablamos. Como mucho, se suman a las iniciativas estatales para fomentar este tipo de actividades y en muy escasa medida. Como resultado de este paisaje, que este tipo de mentalidad ceda parte de lo que considera propio para crecer , es pedirle peras al olmo por el conservadurismo acérrimo de quien piensa en el resultado actual y no en el desarrollo futuro de su empresa. Y el que venga detrás, que arree.

Si conseguimos salvar este primer obstáculo y hay predisposición por parte de dos (Más de dos es una chamba) para sumar esfuerzos, aparecerán los primeros problemas legales. Si se consigue superar ésto y las trabas administrativas estatales, habrá que añadir los posicionamientos sobre la forma idónea de gestionar la empresa resultante. Volvamos al principio de los egos, y la cosa vuelve a tensarse pues ambas partes pretenderán mantener su estatus inicial, esto es, mandar. Mal asunto si los hipotéticos socios han sido los fundadores de sus respectivas empresas.

Si conseguimos superar este pequeño detalle y se establecen unas reglas aceptables por las dos partes, comienza el trabajo serio de los consultores de Recursos Humanos teniendo como principal objetivo unir dos plantillas preexistentes, con dos culturas empresariales y hábitos que pueden diferir:

  • Estructura de la plantilla resultante.
  • Tamaño de la plantilla resultante.
  • Nuevo Organigrama.
  • Distribución de responsabilidades, funciones y tareas.
  • Determinación de redundancias.
  • Recolocaciones internas y reclasificaciones en lo posible.
  • Cualificación de las personas que la componen para cubrir esas responsabilidades.
  • Puestos de nueva creación para cubrir la aparición de nuevas funciones.
  • Creación de sistemas de promoción interna incluyendo los puestos directivos.
  • Creación de sistemas de Selección de Personal eficaces y creíbles.

Como puede apreciarse la fusión de empresas no es una suma contable. Esa es la parte sencilla pues la base a contemplar para que el éxito sea el resultado son las personas y el enfoque que le quieran dar a su gestión.

Todo lo anterior parece muy complicado, pero no lo es tanto: Hablamos de PYMES, no de grandes corporaciones por lo que todo este proceso, aunque parezca farragoso es mucho más sencillo por el tamaño de las empresas a unir es pequeño y aunque todos los pasos anteriores sean esenciales, no deben llevar demasiado tiempo siempre que se tengan en cuenta las naturales resistencias al cambio de todos los participantes, y para ello sería esencial la aportación de asesores especialistas en Recursos Humanos e independientes de las partes que aportasen criterio profesional para la toma de decisiones.

Solamente hace falta querer hacerlo pues el proceso puede ser muy rápido y los beneficios, inmediatos. Y los beneficios para todos, que es lo buscado, son infinitamente mayores que seguir en la guerra de guerrillas. Es muy romántica, muy española, pero recordemos que nos sirve únicamente para nuestro mercado. Para competir en un mundo cada vez más pequeño y poder sobrevivir en él a largo plazo, el tamaño sí importa.

Y mucho.

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