Profesionalidad

 Hoy vamos a hablar de una de esas palabras que se están usando hoy en día como el calamar la tinta: Para emborronar el paisaje y dificultar la visión. Es un concepto que lo mismo se usa para justificar actuaciones inaceptables de cualquiera frente a la necesidad y obligación de obtener resultados, que para limitar de manera muy efectiva la propia actuación aduciendo las dificultades que supondrían para el que se acoge a este concepto para no hacer nada que vaya más allá del estricto cumplimiento de su trabajo según su propia estimación.

¿Cuál sería la definición de profesionalidad?

Como en todas las cuestiones espinosas, tenemos una gran probabilidad de pisotear el parterre de flores más lucido del jardín, siendo adecuadamente reprendidos por hacer algo así por los actuales cuidadores de la flora: Empleados y esencialmente, sindicatos. Pero creemos que la situación general de las empresas y su supervivencia en una situación general de interconexión mundial hace que las normas que hasta ahora podían tener algún sentido en cada parcelita del planeta están decayendo en eficacia y valor frente a esta acelerada tendencia, que no nueva, pues es algo que tiene aproximadamente la misma edad que el ser humano, pero que en esta etapa los cambios se producen a una velocidad para la que las normas y regulaciones tradicionales no están preparadas.

Está afectando sobremanera en las empresas la falta capacidad de adaptación a estas modificaciones que tanto en hábitos de vida, costumbres, normas de relación internos en las empresas y la manera de enfocar las relaciones entre empleados y empresas están o han variado de tal manera que la única salida que hay para poder volver a retomar la capacidad de adaptación es retornar a principios del pasado.

Y estos principios tienen que ver con la realidad actual. Frente a la tradicional doctrina que establecía que empleados y empresarios estaban en conflicto por los rendimientos y excedentes producidos por el trabajo de los empleados, debemos decir claramente que en este mundo interconectado, el enemigo acérrimo del trabajador es…. otro trabajador. No en la misma fábrica. No en el mismo pueblo o ciudad donde las normas son semejantes. No en la misma nación o país. Pero sí en otro lugar del planeta donde no rigen las mismas confortables normas que ahora disfrutamos en nuestro entorno.

Y que así como sería deseable que las disfrutaran, aún están en vías de acercarse a ellas por lo que su fin directo, que es comer y progresar a diario hasta nuestro nivel de vida hace que sus sistemas y procedimientos laborales estén muy distantes de nuestras regulaciones. Esto, obviamente les hace más competitivos por lo que la carga de trabajo se desplaza hacia aquellos sitios que sean más rentables para el capital.

Y en este punto, podemos hacernos la gran pregunta: ¿Quién es el gran capital? Y bastará con una pequeña reflexión para que debamos a empezar a preocuparnos por la manera que está resuelta en la actualidad.

El gran capital, salvando unos cuantos casos excepcionales y probablemente, ni ellos, somos todos. Todos los que tenemos un fondo de pensiones al cual confiamos nuestros ahorros en busca de una rentabilidad inmediata o diferida. Todos los que de alguna manera confiamos nuestros ahorros a una fórmula financiera. Cualquiera que sea. Pero exigimos esa rentabilidad que nos ha ofrecido a cambio de nuestra confianza en que la gestión de nuestros fondos nos va a ser provechosa. El gran capital, sea cual sea la forma societaria que adopte y su ámbito de actuación nos ha hecho partícipes de su esencia que no es otra que la de ganar dinero. Y esa parte nos gusta mucho, aunque ese gran capital tenga que invertir y crear riqueza en lugares que habitan gentes con deseos de prosperar y que como consecuencia de ello trabajen en condiciones peores que las nuestras, con salarios muy inferiores y con condiciones laborales inadmisibles en nuestro mundo, pero que son capaces de generar nuestros beneficios.

Pero trabajan. Y quieren prosperar. ¿Y esto es ilegítimo? ¿Podemos evitar el fenómeno cuando somos los primeros que pedimos resultados a los dirigentes de esas empresas que invierten allí porque nuestra productividad en nuestros confortables países no es suficiente para cubrir nuestras propias necesidades?

Debemos redirigir el enfoque. Ya no podemos hablar de conceptos caducos como enfrentamientos y confrontaciones. No tiene sentido remontarnos a reglas de funcionamiento ideológicas que ya no sirven en la actualidad, demolidas por el afán de prosperidad de quienes no tienen tanto como nosotros.

Profesionalidad. Y para el enfoque que nosotros en Tavira y Asociados contemplamos la profesionalidad es realizar la actividad propia a la que nos debemos dedicar sin limitaciones de esfuerzo diario basando el ejercicio de nuestro trabajo sin sucumbir a aquella conocida y soviética frase: “Fingen que nos pagan, y fingimos que trabajamos”

Pero para ello cada cual deberá saber cuál es el nivel de desempeño de manera fehaciente. La falta de referentes reales sobre qué debe hacer cada cual, cómo debe hacerlo y cuándo hacerlo es una barrera que impide la tan deseada proactividad, pues esta inseguridad sobre cuál es el desempeño correcto hace que ante la duda el empleado no pueda participar en la mejora de sus prestaciones por temor a incurrir en malas prácticas a juicio de la dirección. Para mejorar este aspecto, le recomendamos que visite nuestro Boletin «Evaluación del Desempeño» donde puede encontrar algunas ideas que le ayudarán a mejorar la seguridad en el desempeño de sus empleados.

La profesionalidad no es limitarnos a hacer lo mínimo que de alguna manera sentimos que nos arrancan. No. La profesionalidad actual es hacer todo lo que podamos cada día lo mejor que seamos capaces para proteger nuestros privilegios frente a aquellos que teniendo menos medios, menos comodidades y menos que perder, hacen esto mismo a cambio de un salario muy inferior al nuestro intentando llegar a nuestro nivel de confort.

Y lo están consiguiendo a partir de nuestra molicie amparada por aquellos defensores de causas antañonas que la Historia dejó atrás, situación que debe corregirse a partir de una correcta descripción de las tareas y funciones de cada puesto de trabajo.

En los países donde actualmente se están desarrollando economías emergentes hacen todo lo posible por prosperar ejerciendo su trabajo y sus funciones llenando de contenido su trabajo muchas veces motu proprio, aprendiendo de nosotros, copiando nuestros conocimientos, mejorando nuestros diseños y apropiándose de los medios productivos que parecía que teníamos en exclusiva mediante el sencillo expediente de trabajar con un poco más de interés que nosotros.

Profesionalidad hoy en día es, simplemente, que cada cual cumpla con su deber, a todos los niveles jerárquicos de la empresa. Desde el becario hasta el primer responsable de la empresa, asumiendo los riesgos de cambio que la velocidad del mundo actual exige.

¿Y cuál es el deber de cada uno? Es sencilla la respuesta: En hacer y cumplir exactamente de la manera más eficiente y responsable posible aquello por lo que nos pagan, todos los días. Lo complicado es reconocer y saber qué es lo que incluye nuestro puesto de trabajo, pero ante la duda de qué es lo suficiente, hacer un poco más.

Cuando cada cual sea éticamente responsable de su obligación, la cosa está resuelta. Y progresaremos.

Saludos a todos.

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